lunes 4 de julio de 2011


La sonrisa en un bote de basura.

Tengo la horrible manía de tirar las cosas. Así de distraída, así de monstruosa. Todo, o casi todo lo que poseo ha escurrido de mis manos y se ha estrellado, fugaz y escandalosamente en el suelo. Algunas veces, la mayoría por distraída, otras por descuidada, y algunas más por costumbre. Pero desde algunos meses, algo ha cambiado. Quizá sea el hecho de que por primera vez habito en un ambiente casi exclusivamente laboral o porque me encuentro en un raro trance, o simplemente porque con el pasar de los meses y después de que muchos humores se enfriaran le voy tomando más cuidado a todo. Absolutamente todo. Así, cuando se me cae el teléfono por ejemplo, acudo a las curitas y le parcho la herida. Si se accidentan mis audífonos, me quedo un rato pensando en las consecuencias y no corro inmediatamente a tirarlos. Pero pasa, esa sensación pasa y todo vuelve a un extraño trance. No son las cosas en sí, ni el cuidado como tal lo que me llama la atención, sino el proceso conductual que ha transcurrido de unos meses para acá.

Hoy me encontré con esta sonrisa en la basura. Algún anuncio abandonado, los labios sensuales y muchas hojas alrededor terminaron llamando mi atención. Le tomé una foto y de repente tuve un insight relativo al rescatar y permanecer. El hecho de cuidar, de preservar y de retransformar lo que aparentemente no funciona más en algo nuevo o más bien con retazos simbólicos distintos. También al dejar ir, a imaginar con más profundidad porqué he desganado ciertas cosas. Ignoro si ese temor al aferre se desvanece, o más bien si se va retransformando en algo más conservador (con toda la literalidad de la palabra), pero algo está cambiando y de manera brutal. ¿Qué será? Hace tiempo no pasaba por acá y menos de esta forma. Un pequeño ejercicio para el corazón racional. Saludos a quien lea!


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