domingo 22 de agosto de 2010


“En diciembre de 1978 hice el amor con una muchacha punk”.

En aquellas épocas en que todo me importaba y me reprimía por todo, conocí a Fogwill.

Algo despertó y se envalentó entre olorosas y pudorosas tardes en un patio refractado en follaje y ardor. Puras sensaciones húmedas entre hojas que se imprimían, con tesoros y refugios exóticos.

Recuerdo mis primeros encuentros, mi cuasi despedida formal a toda una vida de aburrimiento y desencantos en búsqueda. Fue uno más de entre los amigos malditos que impregnaron mi cabeza de miraditas mordaces que hacían la delicia de mis días en fuego. Muy inoportuno, muy irreverente en momentos que precisaban toda seriedad, pero que nomás no salían, no emergían. Pequeños orgasmos de una mente aburrida, de una cárcel abierta, de una visión de túnel que se deslizó a un desencanto formal de una vida pegada a los zapatos en mi entorno cándido y encelador.

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