Yo prefiero el canto a toda esa vanidad: O de mi quiebre con Nano Stern.
Cuando escuché a Nano Stern por primera vez hace poco más de un año, confieso que no lo soporté. Me pareció talentoso y terriblemente pose. No aguanté su intensidad esa tan showman, su hiperactividad tan alardeante, en fín, que no me agradó el ambiente que emanó. Cuando terminó su participación muchos de los que nos encontrábamos en el Normandie aplaudieron y se desvivieron en halagos. Hasta una de mis compañeras mexicanas dijo: “es el que más me movió por espectacular". Y sí, efectivamente, en público emana ese “no se qué” tan visceral que resulta imposible que no te cause algo.
A mí también me lo causó, pero su ser tan “externo” me molestó. No sé cómo explicarlo, pero quizá sea el efecto Delgadillo de arrastra -fans-me-tiro-por-ti-en-el-escenario el más correcto para describir mi sensación (lo siento, sigo terriblemente prejuiciada con Fernando). Muy contrario el efecto que tuve con Chinoy, por ejemplo, quien a pesar de ser abrumadoramente intenso, me pareció mucho más introspectivo,. Como si cantase para sí , convenciéndome de su honestidad. Pero quizá sea el recuerdo de unas tres chicas que en el Normandie no dejaban de gritar quejándose de los demás puesto que solo esperaban a “Nano” para irse, lo que terminó por catapultar su imagen ante mí. En fin. Me agradó infinitamente más, cuando, ese mismo día, lo observé sentado en un sillón, solitario y pensativo mientras en la fiesta del evento la casa se llenaba de hartas cosas, harta gente y pocos destacaban, en esa soledad.
Pasó el tiempo, lo vi una que otra vez, no porque lo quisiese, sino porque casi siempre tocaba acompañado de músicos que me gustaban. Por ejemplo, recién lo escuché con Fernando Milagros, en un show memorable donde Nano tocó el violín mientras se armó la algarabía. Confieso que le agarré un cierto cariño al igual que cuando lo vi en la cumbre del rock chileno, un evento, que me agradó, entre otras cosas porque –aunque con un tiempo miserable para cada cantautor a excepción de Manuel García- incluyó un espacio a ciertas nuevas voces del folk Chileno, entre ellos, Nano, Chinoy y Gepe. Para mí, una apertura peculiar en este tipo de festivales tan masivos.
Y sin embargo, de alguna manera extraña, aventándome a romper con mis prejuicios, me lancé a escuchar su disco “Voy y vuelvo”. Gran sorpresa. Me parece, sinceramente, uno de los discos más honestos , bellos y cálidos que me ha tocado escuchar y conocer por acá. Más allá de la gran explosión y externalidad que le recuerdo en vivo, este disco, está repleto de matices sonoros, introspecciones delirantes y abrumadoras y sinceras letras que me trasladan a un mundo ecléctico y autoconfesional. Cada rolita me remite a un Nano en pleno proceso de maduración, de estabilización, de preguntas y de confesiones generacionales que te tocan esa fibra tan interna y no hace más que identificarte. Quizá sea esa visión del “mundo” del que tanto hablan en sus reseñas, esa rara mescolanza de orgullo Chileno y generacional o el leitmotiv de la búsqueda de raíces propias, entre el ir, y venir, lo que me mató, tal y como lo señala, por ejemplo, en “El vino y el destino”:
“pero yo prefiero el vino que es una vieja poción que a todos nos vuelve finos y nos enseña a cantar… Ahora que canto del vino cómo no voy a nombrar a mi tierra y sus caminos, yo no lo voy a olvidar. Cerca se quedó muy lejos, lejos lo cerca, yo me vine porque quise, ahora me vuelvo”
O esa límpida confesión que contagia una melancolía aceptación del ser en "No te imaginas"
"No te imaginas cómo me siento, cuando debo partir. Cuando me miras y me doy cuenta que no me quiero ir, pero debo seguir mi forma de vivir, hay un camino largo y no puedo resistir... No me imagino lo que me espera, lo que podrá venir. Voy navegando como en un barco, ya no puedo salir, por si se llega a hundir, ahora voy a decir ... ha sido tan hermosa esta vida y no le temo a morir"
Y pues sí, admito que en Voy y vuelvo se lo creo absolutamente todo a ese Nano Stern jovial, el cantautor sonriente y despeinado. Quién diría.
La verdad es que, en ocasiones así me dan hartas ganas de pedir un sincero y cálido aplauso para Nano y tod@s aquell@s cantautore(a)s Chilenos de la generación que están haciendo un ruido peculiar que, estoy segura, revolucionará en algo, algo que todavía no sé que, para este, nuestro folk latinoamericano. ¿Qué Michael Jackson aún causa el ruído transgeneracional?. Señoras y señores, para mí, el futuro llegó y está aquí, mucho más cerca de lo que uno escucha, observa e idealiza más allá, más arribita. Las fronteras del idioma se están rompiendo y hay mucho, mucho que decir.

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