martes 8 de septiembre de 2009

En Santiago, pese a la temporalidad, siempre me gustaba caminar cerca de los lugares en los que almacenamos recuerdos, antes de todo. Me hacía sentir, como quien dice, en casa.

En Mérida, pese al regreso y la temporalidad más extensa, lo único que me hace retornar, en espacio, a dichos momentos, es la certeza de que este calor infernal, es tan solo una mala metáfora de los recuerdos, intensos, que habrán de venir. Antes del regreso, antes de todo, claro está.

Por lo pronto, ya veremos, que significa eso de "estar en casa".

Algún día.

domingo 26 de julio de 2009

Ningún señalamiento nos impide ver


Nunca he soportado la falta de pasión. En algo, en lo-que-sea. En los detalles. Es más, dudo que alguien carezca de ella, pero como soy muy evidente y superflúa, me gusta sentir que lo manifiestan con algo en concreto, en particular. Que se perciba en el aire, en los ojos brillosos, en la forma de escribir, de persuadir, de incitar a buscar ese “algo” que te mueve. Y creo que debido a ello, es que siempre he necesitado esa constante incitación; tal vez extremada visceralidad enfocada, pero todo el tiempo me recuerdo excitada hacia algo, en una búsqueda loca de eso que se integra a la identidad como una garrapata dulce y cuerda que te renueva, todos los días. Y sin embargo, últimamente esas ansias locas de buscar se estabilizan en un apartado seco y extraño que me asusta. Ya no existen las mismas ganas o la misma emoción de hasta no hace tanto tiempo. De repente me siento estancada y me asusta de una manera tremenda. De repente ya no es como sentirse parte de, sino como en un plan de mera observadora. ¡Y se siente tan raro!. Odio la desidia con todas mis fuerzas y me carcome los periodos de ¿estancamiento? En las que a veces todo parece recaer a mi alrededor. Quizá tan solo sea una fase, un periodo de renovación, o qué se yo. Pero esa falta de ganas de buscar es tan horripilante, que se me hace más insoportable que todo el frío del invierno Santiaguino o los calores infernales Meridanos juntos. Caramba. Tal parece que las ansias de seguridad aún al grado de conformidad están ganando la batalla, y es terriblemente terrible. Habrá que luchar con esto. Qué caramba, perder la guerra, jamás! Ja!

sábado 18 de julio de 2009

Últimamente, ya no le creo tanto a eso de hacer todo lo posible por evitar perder.

Pero, sigo esperando, arduamente, que si se pierde, que sea intentándolo todo por alcanzar tus deseo, mientras te sea posible.

Si no es así, creo que muchas oportunidades, buenas y lindas oportunidades se van, sumándote frustraciones.

Y pues .. en fín. Sé que esto suena como Psicología de cajón, pero tenía que decirlo.

Así la vida.

jueves 16 de julio de 2009

Me rindo ante la evidencia.

sombrilla


Tengo una compañera que se tiñe el cabello de un color rojo bien peculiar. Como no sé el nombre del tono o de la marca, me limito a describir que para mí, el color de su cabello refleja su íntima transparencia ante la vida. Me encanta. Pese a que por momentos me parece muy concreta (Quizá debido a que yo me paso buscándole ramificaciones a todo), sé que cuando ríe, ríe de verdad, saliéndole del alma, que cuando está down se le nota en los ojitos y en las ojeras. Creo que muchos la queremos y respetamos por eso. Hartas veces cuestioné su metodología a la hora de entrevistar y de hacer cosas, pero se atrevía y salía de lo básico. Ese atrever es el meollo: la gran diferencia. A ella le comenté de mi no tan lejana obsesión con el té, de mis cuestionamientos nocturnos cuando rebosaba de coraje y de terror por hartas pesadillas, de mis más cercanos dilemas de existencia y de muchas cuestiones de salud que me tienen por ahí dando jaque a los planes y todo lo demás. Siempre que puedo le recuerdo que Armando Manzanero no es chileno y que su relación con su gente más cercana me da esperanza de que todo saldrá bien, algún día.

En cierta ocasión encontré una tarjetita que decía algo así como “Feliz día má”, que según le había dejado su oso repleto de babas que había adoptado como hijo junto a su pareja y que, cuando estaba en el trabajo, cabizbaja y al borde del colapso le hacía sonreír como no más. En cierta forma, por muchas cosas, ha sido una especie de modelo de no perfección que me gusta seguir, a la distancia, cuando todo parece vislumbrarse como un túnel negro, negro, sin salida. Ella, la compañera pelirroja y su maravillosa y fascinante manera de concretar lo inconcretable, es, junto a ciertas personas más mi ejemplo de que los pequeños detalles y la autenticidad ante lo falso a veces, es la única manera de sobrevivir. Quizá peco de fatalista, porque fatalista ha sido mi percepción ante muchas cosas de buenas a primeras últimamente, pero todo me indica, también una manera de ver las cosas: la paradoja de la complejidad cotidiana.

Lo concreto, lo palpable, lo evidente a veces resulta ser lo más increíble, desafiante y la gran diferencia entre todo. Últimamente aprendo esto. Paso a pasito, mientras camino y enfrento, como puedo, a mis melancolías, rabias, alegrías, cosquillas y mentadas, encuentro que rendirse ante la evidencia, a veces resulta tan revelador y tan encantador como teñirse el cabello de rojo intenso y de reír a diestra y siniestra dejando que las ojeras enmarquen la distancia, la vida y las penas en un camino absurdo.


domingo 12 de julio de 2009

domingo 5 de julio de 2009


..Puede ser





Rosario Mena - No vi
Últimamente el optimismo no me va. Se ha esfumado, cobarde, en alguna rendija de eventos improbables. Tampoco la busco. Rgresará, quizá, en algún punto de la vida en que la estabilidad y el hogar no sean paradojas, ni grandes ironías. Ahora, todo tiene un olorcito de crudeza y realismo tamaño gigante. Está bien, las cosas pasan, y es tiempo de ver todo de manera práctica, aún cuando las decisiones no sean gozosas. Total, cada emoción pasa en un trenecito de estrellas y fantasmas fugaces que te entusiasman, te rompen, o simplemente te hacen un poquito más cruda. Como un ente dinámico. así es, el pinche corazón y las prioridades a los 25.

Nico y la muerte pública.

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Basura

Se encuentran en el área de servicio. Cada uno con su bolsa de basura. Es la primera vez que se hablan.
- Buenos días...
- Buenos días.
- La señora es del 610
- Y, el señor del 612
- Sí.
- Yo aún no lo conocía personalmente...
- De hecho...
- Disculpe mi atrevimiento, pero he visto su basura...
- ¿Mi qué?
- Su basura.
- Ah...
- Me he dado cuenta que nunca es mucha. Su familia debe ser pequeña...
- En realidad sólo soy yo.
- Mmmmmm. Me di cuenta también que usted usa mucha comida enlatada.
- Es que yo tengo que hacer mi propia comida. Y como no sé cocinar.
- Entiendo.
- Y usted también...
- Puede tutearme.
- También perdone mi atrevimiento, pero he visto algunos restos de comida en su basura. Champiñones, cosas así...
- Es que me gusta mucho cocinar. Hacer platos diferentes. Pero como vivo sola, a veces sobra...
- Usted... ¿Tú no tienes familia?
- Tengo, pero no son de aquí.
- Son de Espírito Santo.
- ¿Cómo lo sabe?
- Veo unos sobres en su basura. De Espírito Santo.
- Claro. Mi madre me escribe todas las semanas.
- ¿Ella es profesora?
- ¡Esto es increíble! ¿Cómo adivinó?
- Por la letra del sobre. Pensé que era letra de profesora.
- Usted no recibe muchas cartas. A juzgar por su basura.
- Así es.
- Pero, el otro día tenía un sobre de telegrama arrugado.
- Así fue.
- ¿Malas noticias?
- Mi padre. Murió.
- Lo siento mucho.
- Él ya estaba viejito. Allá en el Sur. Hacía mucho tiempo que no nos veíamos.
- ¿Fue por eso que volviste a fumar?
- ¿Cómo es que sabes?
- De un día para otro comenzaron a aparecer paquetes de cigarrillos arrugados en su basura.
- Es cierto. Pero conseguí dejarlo de nuevo.
- Yo, gracias a Dios, nunca fumé.
- Ya lo sé. Pero he visto unos vidriecitos de pastillas en su basura...
- Tranquilizantes. Fue una fase. Ya pasó.
- ¿Peleaste con tu pololo, no es verdad?
- ¿Eso, también lo descubriste en la basura?
- Primero el buqué de flores, con la tarjetita, tirado en la basura. Después, muchos pañuelitos de papel.
- Es que lloré mucho, pero ya pasó.
- Pero incluso hoy vi unos pañuelitos...
- Es que estoy un poquito resfriada.
- Ah.
- Veo muchos crucigramas en tu basura.
- Claro. Sí. Bien. Me quedo solo en casa. No salgo mucho. Tú me entiendes.
- ¿Polola?
- No.
- Pero hace unos días tenías una fotografía de una mujer en tu basura. Parecía bonita.
- Estuve limpiando unos cajones. Cosa del pasado.
- No rasgaste la foto. Eso significa que, en el fondo, tú quieres que ella vuelva.
- ¡Tú estás analizando mi basura!
- No puedo negar que tu basura me interesó.
- Qué divertido. Cuando escudriñé tu basura, decidí que quería conocerte. Creo que fue la poesía.
- ¡No! ¿Viste mis poemas?
- Vi y me gustaron mucho.
- Pero, ¡si son tan malos!
- Si tú creías que eran realmente malos, los habrías rasgado. Y sólo estaban doblados.
- Si yo supiera que los ibas a leer...
- Sólo no los guardé porque, al final, los estaría robando. Si bien que, no sé: ¿la basura de la persona aún es propiedad de ella?
- Creo que no. Basura es de dominio público.
- Tienes razón. A través de la basura, lo particular se vuelve público. Lo que sobra de nuestra vida privada se integra con las sobras de los demás. La basura es comunitaria. Es nuestra parte más social. ¿Esto será así?
- Bueno, ahí estás yendo harto lejos con la basura. Creo que...
- Ayer, en tu basura...
- ¿Qué?
- ¿Me equivoqué o eran cáscaras de camarón?
- Acertaste. Compré unos camarones enormes y los descasqué.
- ¡Me encantan los camarones!
- Los descasqué, pero aún no los comí. Quien sabe, tal vez podamos...
- ¿Cenar juntos?
- Por qué no.
- No quiero darte trabajo.
- No es ningún trabajo.
- Pero vas a ensuciar tu cocina.
- Tonterías. En un instante limpio todo y pongo los restos en la basura.
- ¿En tu basura o en la mía?


Luis Fernando Veríssimo.


viernes 3 de julio de 2009

Lo recuerdo como un asiduo amante de Cortazar. Amigo de otro, nunca cruzamos más palabras que un saludo indirecto y un cortés “hola” tras reconocernos muchos años después. Cuando escucho “Tom Yorke”, lo relaciono puesto que en aquellos años cuasi párvulos era el único fan amante de la música de Radiohead entre mi corto y reducido círculo de conocidos. Nunca lo tuve presente en sí, pero estaba, en cierta parte de mi cabeza repleta de nostalgias y recuerdos ambivalentes. Las palabras “talento” y “espero madures algún día” se las ligo, indirectamente por todo mi historial ligado a nuestro círculo en común que en algún momento creí cercano a mi existencia por lazos de identificación, desarraigo, amistad y ñoñez. Transcurrieron años y en una curiosidad de esas que se te arrancan por instintos extraños, me pregunté qué sería de aquél reducido círculo y poco a poco se fueron reintegrando, algunas personas a mi acervo de información y de contacto. No me hizo feliz, pero sació mi curiosidad. Siempre tuve fe de que algo iba a pasar entre ellos y más allá.

Pero hoy me enteré de algo que me dejó fría, nerviosa: su grave enfermedad. Nunca fuimos amigos y mis escasos lazos ahora ni siquiera puedo asegurar que lo sean conmigo, pero hay cosas tan profundas que no puedo desligar de mi baúl de recuerdos preciados. No me lo imagino decayendo, o dejándose vencer. Tampoco llorando por el poco tiempo que resta, o quizá, lo que más me impacta es la certeza de lo breve, efímero y cruel que resulta la vida. La noticia me vino como balde de agua fría en medio del invierno. Se me congelan las pestañas y mi corazón tiembla ante la posibilidad de la muerte. No por la muerte en sí misma, sino porque todavía lo recuerdo a través de sus lentes, con esa expresión impenetrable y con la inquietud de los idiomas y los cariños y la admiración profunda de quien en aquél entonces era un entrañable amigo mío. Luego otros. Y siento que todo atrás estuvo lleno de vida, y que él, de mi edad y en medio de todo el potencial no debería morir, porque las personas tienen que desarollarse y crecer, o quizá es mi resistencia a aceptar que todo tiene un ciclo y que a todos nos pasa en algún momento, querámoslo o no. Estoy muy triste. Nunca fuimos amigos, pero imagino el dolor de aquellos que lo rodean y la verdad es que me dan unas ganas terribles de llorar. Lo imagino a él y quisiera que todo pasara, que el dolor se fuera y que la vida irrumpiera con más fuerza. Ya no sé. Lo único cierto es que pienso en mi gente, en la suya, en él, en mí, y todo, todo me da mucho miedo ante la posibilidad de perderlo. Y a la vez, darme cuenta de que cada día vivir, es un asunto repleto de fragilidades y asuntos impredecibles que dan vueltas en cada caminar.

jueves 2 de julio de 2009



Nosotros somos la tentativa fallida de encerrar la vida en un orden importado.

Nosotros somos la vida surgiendo a la fuerza por entre las costuras de la historia.

Nosotros somos la vida convertida en mil veces mil especies y en mil veces mil ardides para oponerse a las adversidades.

Nosotros somos la vida que gana la partida en aguas imposibles saturadas de azufre y en barrios tuguriales en las grandes ciudades.

Nosotros somos las posibilidades de la vida en contra de todas las evidencias aniquiladoras y la obligación de hacer conscientes esas posibilidades.

Nosotros somos el reto ineludible de conocernos y reconocernos; de reconstruir nuestros caminos olvidados a partir de los fragmentos dispersos en la geografía y en el tiempo.

Nosotros somos la necesidad imperativa de la convivencia entre nosotros mismos y con las demás especies y procesos que comparten con nosotros este trozo de planeta.

Nosotros somos el deber de comprender y asumir que somos menos americanos y menos dignos y menos viables como seres humanos, cada vez que en nuestro continente desaparece un dialecto o una cultura o una leyenda o una especie animal o vegetal o una mancha de bosque o un ojo de agua


GUSTAVO WILCHES-CHAUX.

martes 30 de junio de 2009

Canciones Ascéticas




Javiera Mena/Emme: Por él a vos, por vos a ella.
Muza: Cruel.
Andrés Camalaro
: No me pidas que no sea un inconsciente.

domingo 28 de junio de 2009


Yo prefiero el canto a toda esa vanidad: O de mi quiebre con Nano Stern.






Cuando escuché a Nano Stern por primera vez hace poco más de un año, confieso que no lo soporté. Me pareció talentoso y terriblemente pose. No aguanté su intensidad esa tan showman, su hiperactividad tan alardeante, en fín, que no me agradó el ambiente que emanó. Cuando terminó su participación muchos de los que nos encontrábamos en el Normandie aplaudieron y se desvivieron en halagos. Hasta una de mis compañeras mexicanas dijo: “es el que más me movió por espectacular". Y sí, efectivamente, en público emana ese “no se qué” tan visceral que resulta imposible que no te cause algo.

A mí también me lo causó, pero su ser tan “externo” me molestó. No sé cómo explicarlo, pero quizá sea el efecto Delgadillo de arrastra -fans-me-tiro-por-ti-en-el-escenario el más correcto para describir mi sensación (lo siento, sigo terriblemente prejuiciada con Fernando). Muy contrario el efecto que tuve con Chinoy, por ejemplo, quien a pesar de ser abrumadoramente intenso, me pareció mucho más introspectivo,. Como si cantase para sí , convenciéndome de su honestidad. Pero quizá sea el recuerdo de unas tres chicas que en el Normandie no dejaban de gritar quejándose de los demás puesto que solo esperaban a “Nano” para irse, lo que terminó por catapultar su imagen ante mí. En fin. Me agradó infinitamente más, cuando, ese mismo día, lo observé sentado en un sillón, solitario y pensativo mientras en la fiesta del evento la casa se llenaba de hartas cosas, harta gente y pocos destacaban, en esa soledad.

Pasó el tiempo, lo vi una que otra vez, no porque lo quisiese, sino porque casi siempre tocaba acompañado de músicos que me gustaban. Por ejemplo, recién lo escuché con Fernando Milagros, en un show memorable donde Nano tocó el violín mientras se armó la algarabía. Confieso que le agarré un cierto cariño al igual que cuando lo vi en la cumbre del rock chileno, un evento, que me agradó, entre otras cosas porque –aunque con un tiempo miserable para cada cantautor a excepción de Manuel García- incluyó un espacio a ciertas nuevas voces del folk Chileno, entre ellos, Nano, Chinoy y Gepe. Para mí, una apertura peculiar en este tipo de festivales tan masivos.

Y sin embargo, de alguna manera extraña, aventándome a romper con mis prejuicios, me lancé a escuchar su disco “Voy y vuelvo”. Gran sorpresa. Me parece, sinceramente, uno de los discos más honestos , bellos y cálidos que me ha tocado escuchar y conocer por acá. Más allá de la gran explosión y externalidad que le recuerdo en vivo, este disco, está repleto de matices sonoros, introspecciones delirantes y abrumadoras y sinceras letras que me trasladan a un mundo ecléctico y autoconfesional. Cada rolita me remite a un Nano en pleno proceso de maduración, de estabilización, de preguntas y de confesiones generacionales que te tocan esa fibra tan interna y no hace más que identificarte. Quizá sea esa visión del “mundo” del que tanto hablan en sus reseñas, esa rara mescolanza de orgullo Chileno y generacional o el leitmotiv de la búsqueda de raíces propias, entre el ir, y venir, lo que me mató, tal y como lo señala, por ejemplo, en “El vino y el destino”:


“pero yo prefiero el vino que es una vieja poción que a todos nos vuelve finos y nos enseña a cantar… Ahora que canto del vino cómo no voy a nombrar a mi tierra y sus caminos, yo no lo voy a olvidar. Cerca se quedó muy lejos, lejos lo cerca, yo me vine porque quise, ahora me vuelvo”


O esa límpida confesión que contagia una melancolía aceptación del ser en "No te imaginas"


"No te imaginas cómo me siento, cuando debo partir. Cuando me miras y me doy cuenta que no me quiero ir, pero debo seguir mi forma de vivir, hay un camino largo y no puedo resistir... No me imagino lo que me espera, lo que podrá venir. Voy navegando como en un barco, ya no puedo salir, por si se llega a hundir, ahora voy a decir ... ha sido tan hermosa esta vida y no le temo a morir"

Y pues sí, admito que en Voy y vuelvo se lo creo absolutamente todo a ese Nano Stern jovial, el cantautor sonriente y despeinado. Quién diría.



La verdad es que, en ocasiones así me dan hartas ganas de pedir un sincero y cálido aplauso para Nano y tod@s aquell@s cantautore(a)s Chilenos de la generación que están haciendo un ruido peculiar que, estoy segura, revolucionará en algo, algo que todavía no sé que, para este, nuestro folk latinoamericano. ¿Qué Michael Jackson aún causa el ruído transgeneracional?. Señoras y señores, para mí, el futuro llegó y está aquí, mucho más cerca de lo que uno escucha, observa e idealiza más allá, más arribita. Las fronteras del idioma se están rompiendo y hay mucho, mucho que decir.







jueves 25 de junio de 2009

martes 23 de junio de 2009



Hoy en la mañana, me topé con esto: Rocío cuasi congelado.
Una belleza. Tiritaba como cristalitos con el sol. je. Así de cursí, así nomás.

A pesar del frío y de lo gélido de estos meses, detalles así hacen que todo valga la pena.